Los Colores de la Liturgia

En los monumentos cristianos, como en los ritos de la iglesia, los colores tienen un simbolismo especial. En el antiguo testamento, se prescribió los colores de las cortinas de los tabernáculos y de los vestidos de los sacerdotes y levitas, cuando asistieran a los sacrificios. Los padres de la iglesia se han preocupado por interpretar el sentido simbólico de los colores de que se habla en la sagrada escritura.
A estas interpretaciones se han sujetados los cristianos de todas las épocas y por consiguiente, tienen un sentido simbólico en las pinturas de las catacumbas y en los mosaicos de las antiguas iglesias, así como también en los ornamentos sacerdotales, cuyo color es distinto, según las solemnidad. San Carlos llamó a estos colores jeroglíficos de los secretos del cielo y Varonio los consideró de suma utilidad como medio de excitar la piedad de los fieles.
A principios del siglo XIII, el Papa Inocencio III estableció los colores de la liturgia y excluyó el amarillo al que asoció a este color el del azufre de los infiernos y le dio una significación peyorativa convirtiéndolo en imagen del orgullo, de la falsedad y la traición.
Por lo tanto se implantó los sagrados cinco colores: Blanco, rojo, verde, morado y negro, no admitiendo la iglesia otro alguno, excepción del color azul, concebido por privilegio de su santidad Pío IX a algunas iglesias en el siglo XIX el cual se usó y se utiliza en muchos países principalmente hispanos, y en concreto en nuestra Diócesis de Sevilla, en las fiestas de la inmaculada concepción y en su octava.
Dicho cincos colores litúrgicos pueden dividirse en tres clases, que son:
El oficio de los misterios y de los santos que es llamado de festividad., el oficio dominical o ferial y el oficio de difunto. En el festival se usa el color blanco o rojo que significa alegría y las victorias de los bienaventurados; en el dominical o feriado el color que se utiliza es el verde, que nos recuerda la lucha sostenida contra las pasiones mundanas, y con lo que se encaminaran hacia el cielo; en el oficio de difunto el color negro, que representa el estado abatido y doloroso de las almas que han llagado al término de la vida, sin poder ser aun admitida en la gloria.
En el tiempo litúrgico de Cuaresma en el que nos encontramos (al igual que en Adviento), el color litúrgico asociado a este periodo es el morado que significa discreción, penitencia y dolor.
Sin embargo, las Conferencias Episcopales pueden determinar y proponer a la Sede Apostólica, adaptaciones que respondan a las necesidades y a la índole de los pueblos. En los días más solemnes pueden emplearse ornamentos más nobles, aunque no sean del color del día (por ejemplo ornamentos dorados o plateados). Las Misas rituales (durante las cuales se celebra otro sacramento o sacramental) se dicen con el color propio conveniente a la Misa que se celebra o también con el color propio del día o del tiempo