Solemnidad de la Anunciación

Nueve meses antes de la Navidad se celebra uno de los misterios más grandes de la historia. La encarnación de Jesús, el Hijo de Dios, en una virgen de Nazaret llamada María.
En esta fiesta, una de las más antiguas de la Iglesia, se conmemora la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María, nueve meses antes de su nacimiento.
LA Solemnidad de la Anunciación del Señor tuvo diversas denominaciones tradicionales: Anunciación de Cristo, Fiesta de la Encarnación, Inicio de la Redención, Anunciación de la Santísima Virgen María. Con esta última fue celebrada desde tiempo inmemorial hasta la reforma de 1970, en que se llama Anunciación del Señor.
San Gabriel, el arcángel mensajero de Dios, fue el encargado de este anuncio. El Ave María nos recuerda el saludo que el arcángel dirigió a María: “Dios te salve, llena de gracia, el señor es contigo”. El Evangelio nos dice que María, en su humildad se turbó al escuchar estas palabras. San Gabriel la tranquilizó: “No temas, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Será grande y se le llamará Hijo del Altísimo”.
María, inquieta, preguntó: “¿Cómo podrá ser esto, si no conozco varón?” “El espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, porque nada hay imposible para Dios.” Pero quizá la frase más importante de este diálogo que estremece el alma de cualquier cristiano es la respuesta final de la Virgen: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Hoy la Iglesia nos invita a reflexionar sobre estas palabras y aprender de ellas. Ya habrá tiempo para celebrar la venida al mundo de nuestro Salvador. Para maravillarse por el hecho de que Dios decida hacerse humano movido por el amor a sus hijos. El 25 de marzo debemos recordar que todo esto fue posible porque una mujer pobre y humilde de Nazaret, casi una, niña pues debía tener doce o trece años, tuvo el valor para aceptar la palabra de Dios.