Sábado Santo: día de reflexión y silencio

Santo Sepulcro en Jerusalem


El Sábado Santo es el segundo día del Triduo Pascual, que concluye con las segundas Vísperas del Domingo de Resurrección culminando así la Semana Santa. Tras rememorar el día anterior la muerte de Cristo en la Cruz, se espera el momento de la Resurrección. Es la conmemoración de Jesús en el sepulcro y su Descenso al Abismo. Una vez ha anochecido, tiene lugar la principal celebración cristiana del año: la Vigilia Pascual.


Hoy también se conmemora la soledad de María después de llevar al sepulcro a Cristo, quedando en compañía del Apóstol Juan. Pueden ser expuestas en la Iglesia, a la veneración de los fieles, la imagen de Cristo crucificado, o en el sepulcro, ya que ilustran el misterio del Sábado Santo. Hoy la Iglesia se abstiene absolutamente de celebrar la Misa. La Sagrada Comunión puede darse solamente como viático. No se conceda celebrar el Matrimonio, ni administrar otros sacramentos, a excepción de la Penitencia y la Unción de los Enfermos.


Hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, se llamaba a éste día Sábado de Gloria, pues la celebración de la Resurrección (la Vigilia Pascual) tenía lugar ya en la mañana del sábado. Hoy, celebrándose la Vigilia más razonablemente en horas de la noche, el Sábado Santo queda para más como un día de silencio y recogimiento, pero silencio expectante por la gran celebración que tendrá lugar dentro de unas horas.
El Sábado Santo está en el corazón mismo del Triduo Pascual. Entre la muerte del Viernes y la resurrección del Domingo nos detenemos en el sepulcro. Un día puente, pero con personalidad. Son tres aspectos - no tanto momentos cronológicos - de un mismo y único misterio, el misterio de la Pascua de Jesús: muerto, sepultado, resucitado